Tu estilo prioriza la comodidad y la funcionalidad.
Es posible que pensaras que no tenías un estilo personal, también es posible que sea tu forma de vestir solo para algunos momentos, como estar en casa o hacer alguna actividad física. Sporty no necesariamente implica que te guste hacer deporte, podés ser más casual que deportiva y seguir estando en esta categoría.
Probablemente prefieras colores neutros, siluetas relajadas y telas cómodas: algodón, poliéster y mezclas.
Tus prendas clave pueden ser sueltas o pegadas al cuerpo, pero definitivamente son cómodas: joggins, calzas, hoodies, remeras, tops deportivos, zapatillas o chatitas, posiblemente también encontremos en tu guardarropa un trench de color neutro. Completás tus looks con una mochila o una cartera grande, tipo tote.
Lo mejor de tu estilo es la practicidad y la facilidad para combinar.
El riesgo es la posibilidad de parecer desarreglada, como si salieras apurada del gimnasio o como si no tuvieras tiempo para dedicarte a tu imagen. Asegurate de estar usando tus mejores neutros.
El desafío: para que tu estilo se vea prolijo e intencional y no descuidado la ropa debe estar limpia y planchadita (si la tela lo requiere), el calzado impecable, en especial si optás por el blanco y tu cabello debería verse maravilloso. También podés elevar el estilo con un blazer, accesorios, calzado que no sean zapatillas, y hacerlo un sportychic. No exageres con los logos y detalles deportivos.
Un estilo definido es el comienzo.
La paleta de color adecuada lo vuelve inolvidable.
Si querés que todo en tu guardarropa funcione en armonía, tu colorimetría es la clave.
Si preferís ir paso a paso, también podés recibir ideas semanales para trabajar tu estilo.