Querida lectora,
¿Pensaste que tu estilo no es una foto fija, sino una película en movimiento?
Si ya hiciste tu test de estilo, seguramente descubriste tu estilo predominante. Pero eso no significa que siempre sea el mismo ni que tenga que ser único: podés tener una combinación de dos estilos, o estar en camino hacia uno nuevo.
Conocer tu estilo te ayuda a pulirlo, explorarlo y comprar ropa que realmente disfrutás usar. Pero no se trata de etiquetarte ni de encasillarte. No hay un único estilo “correcto”: es algo vivo, que cambia con vos.
Tu estilo inherente, el más profundo, está ligado a tu personalidad, tu historia y tu forma de ver el mundo. Se nota incluso cuando llevás lo más básico: se filtra en tus gestos, en lo que elegís y en lo que rechazás casi sin pensarlo.
Pero también existe un estilo adquirido, que se suma al inherente y aparece en distintas etapas de la vida: por exigencias de un trabajo, la maternidad, una búsqueda personal o simplemente el deseo de explorar otra de tus facetas.
¿Cómo podés abrirte a esos cambios?
- Permitite salir de la caja: probá una silueta distinta, una textura nueva o un accesorio inesperado.
- Identificá qué necesidad o inspiración te invita al cambio.
- Recordá que tu estilo personal es siempre el núcleo: lo demás lo nutre, pero un cambio total puede sentirse forzado.
- No todo vale: si tu estilo es romántico, quizás lo andrógino no te convenza, pero podés jugar con pequeños toques dramáticos que te aporten novedad.
Tu placard puede ser un laboratorio: un espacio de juego, de exploración y de reinvención.
¿No sabés por dónde empezar? Estoy acá para ayudarte.
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Gracias por estar aquí.
Con cariño,
An Gelmini
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