Querida lectora,
Te confieso que en los 90 tuve mi diario íntimo con candadito.
Me encantaba escribir —bueno, ya sabés que todavía me gusta. Si tenés mi edad, quizás vos también tuviste uno: eran uno de los regalos más comunes en los cumpleaños de niñas.
Quizás escribir con tinta y papel nunca fue lo tuyo —o ya no lo es—, pero creo que las mujeres tenemos una necesidad de expresión, de registro, de intimidad. Y muchas veces, también, de compartir: con una prima, una hermana, una amiga… o incluso con el mundo.
¿Y si te dijera que hay otro diario íntimo que escribís todos los días, tal vez sin darte cuenta?
Tu placard es un cuaderno abierto. Cada prenda guarda una narrativa visual y táctil de tu vida. Algunas prendas son recuerdos heredados; otras te hacen sentir poderosa. Hay ítems que muestran cómo te ves, o cómo querés ser vista.
Algunas prendas son páginas decoradas con washi tape y recortes de imágenes soñadas: vistosas, alegres, coloridas. Otras son cicatrices, como esas hojas con tinta corrida porque fueron escritas llorando. La ropa no solo cubre: también cuenta.
Y entonces la pregunta: ¿sabés qué está contando tu ropa?
A veces guardamos prendas que no usamos y nos incomodan. También otras, que no usamos… pero al verlas nos iluminan la mirada. ¿Sos consciente de lo que elegís guardar y de lo que se queda por inercia?
Esta semana, parate frente al ropero como si fuera tu diario. Leé cada página. Perfumá las hojas. Soltá las historias que ya no querés. Dejá ir los relatos que otros escribieron por vos. Atesorá las páginas que narran tu dicha.
Porque vale arrancar hojas. Vale recortar. Vale empezar un diario nuevo. Y también vale compartir lo que es poesía.
¿Qué es tu poesía? ¿Cuáles son tus mejores páginas?
SOS VOS, con tus looks, tu ropa, tus gestos… los capítulos únicos de tu historia. Que son perfectos y son valiosos, porque son auténticos.
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Gracias por estar aquí.
Con cariño,
An Gelmini
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