Querida lectora,
¿Tenés una prenda o accesorio que siempre elegís cuando necesitás seguridad, tranquilidad o consuelo?
Si la tenés, considerate afortunada.
Pero, en realidad, no estoy hablando de magia ni de suerte, sino de identidad reflejada, de memoria enlazada a la tela.
Los amuletos del estilo personal no se compran: se eligen, se descubren, se construyen con historias vividas o heredadas. No siempre son las prendas más lindas, pero son las que más te conocen: esas que te devuelven la mujer que necesitás ser en momentos clave.
Un abrigo heredado, una remerita vieja, una cartera que llevás siempre a un encuentro especial. Y aquí no importa la belleza, ni la colorimetría: la fuerza no está en cómo te ven los demás, sino en cómo te sentís. Son refugio. Hay un diálogo íntimo entre tu ropa y vos.
Este poder también existe a nivel colectivo. En Mali, el índigo no solo es estético: la ropa teñida con este color era usada por sacerdotisas o jefes tribales, se creía que tenía propiedades protectoras frente a los espíritus y servía para marcar sabiduría o autoridad. También, en los Andes, ponchos y fajas llevan símbolos que invocan fertilidad y conexión con la Pachamama. Al igual que esas tradiciones, tu amuleto personal también protege, también habla de quién sos y de dónde venís.
La cultura popular también lo sabe. Aunque no hay cambios físicos ni una transformación estética radical en los personajes, sabemos que cuando la Mujer Maravilla usa la tiara o Rambo se pone la vincha, algo épico está por ocurrir. O, pensando en imágenes menos combativas, decime si alguna vez no deseaste refugiarte en un pijama de franela (helado en mano) como Bridget Jones, o si no te gustaría que Molly Weasley te tejiera un sweater, esa prenda que parece decir ‘sos parte de mi familia, te abrazo, todo va a estar bien’.
¿Ya te diste cuenta de qué estamos hablando?
¡Genial! Pero shhhhhh, no me cuentes cuál es tu prenda amuleto. No queremos que tu identidad secreta sea revelada.
Y especialmente, no dejes que nadie te haga dudar del poder de tu prenda, porque en realidad estamos hablando de TU PROPIO PODER.
Una prenda no cambia quién sos, pero a veces te recuerda lo que ya sabés.
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Gracias por estar aquí.
Con cariño,
An Gelmini
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